José Luis Casaseca y Silván (1800-1869): Profesor de química y pionero de la divulgación científica

José Luis Casaseca y Silván (1800, Salamanca-1869, Barcelona). Imagen extraída de: Le Roy Gálvez, Luis Felipe (1971).

Nació en una familia obligada a exiliarse por colaboración con el gobierno de José I (1808-1813). Su padre fue nombrado intendente de Extremadura en esos años, y, posteriormente, prefecto de Salamanca. Tras la caída del gobierno afrancesado, la familia de Casaseca se dirigió a París, donde se establecieron en 1813. De este modo, Casaseca pudo aprovechar los excelentes recursos educativos que ofrecía la capital francesa para desarrollar una vocación científica, tanto los nuevos centros de enseñanza secundaria (Lycées, conocidos como “Collèges Royaux” durante la Restauración Borbónica) como los cursos públicos de ciencias ofrecidos en instituciones como el Museo de Ciencias Naturales o el Collège de France, además de las nuevas titulaciones de ciencias creadas en la Universidad después de la Revolución Francesa.

Cursó brillantemente sus estudios secundarios en el colegio Henri IV y, más tarde, siguió diversos estudios de ciencias, fundamentalmente los de química. Como otros muchos españoles, asistió a los cursos de química del Collège de France, impartidos por Jacques Thenard, uno de los más influyentes químicos franceses de la generación posterior a Lavoisier. En 1819, entró en el laboratorio de Thenard y trabajó junto con Louis Réné Lecanu, hasta 1821. En estos años obtuvo los títulos de bachiller en letras y bachiller y licenciado en ciencias de la Facultad de París. Durante el trienio liberal volvió a España y fue ayudante de la cátedra de química que ostentaba Alcón Calduch en la Facultad de Filosofía de Madrid. La desaparición de la cátedra de química y el exilio de Alcón Calduch tras la caída del gobierno liberal dejaron a Casaseca sin trabajo. En estas circunstancias, Casaseca se dirigió a Montpellier en 1824 para estudiar medicina y trabajar en la farmacia de un boticario francés. Al año siguiente, fue nombrado miembro de la Société de Pharmacie de París, de donde ya era socio correspondiente extranjero.

Casaseca publicó varios trabajos en varias prestigiosas revistas científicas francesas, tradujo algunos de sus artículos al castellano y los publicó en un libro titulado Ensayos químicos. En estos trabajos, Casaseca ofrecía el resultado del análisis de diversas sustancias vegetales, sugería nuevos procedimientos de preparación de productos químicos de interés farmacéutico y describía un nuevo mineral que denominó “thenardita” en honor a su maestro y protector. Realizó otra notable contribución durante sus años en Francia: la versión castellana del famoso formulario de François Magendie que recogía novedades importantes en el terreno de la terapéutica. Su traducción se publicó inicialmente en París en 1826 y fue reimpresa al año siguiente en Madrid con diversas modificaciones y una “tabla sinóptica de las propiedades físicas, químicas, médicas y perniciosas” de los nuevos “principios vegetales” (fundamentalmente, alcaloides) recientemente descubiertos. Entre las notas que añadió se encontraba un método para preparar el sulfato de quinina según las indicaciones que recibió de Noël-Etienne Henry, director de la Pharmacie centrale de París y autor de un procedimiento original para obtener este nuevo e importante medicamento. Casaseca realizó también otra importante traducción en esos años, esta vez de un famoso libro de divulgación: “Chemical amusement” (“Recreaciones químicas”) de Friedrich Accum, un auténtico éxito de ventas en diversos países europeos y en EE.UU. La traducción apareció en París en 1826 con numerosas notas de Casaseca, donde corregía o actualizaba los conocimientos ofrecidos por el autor.

Casaseca regresó a Madrid para hacerse cargo a principios de 1827 de una cátedra de química del Conservatorio de Artes y Oficios. Para estas clases, tradujo un libro de texto del farmacéutico francés Eugène Desmarets para ser empleado en estas enseñanzas, al que añadió numerosas notas, un apartado especial con “Correcciones hechas por el Traductor” y artículos completamente nuevos dedicados a tres elementos recientemente descubiertos, por lo que no habían podido ser recogidos en la obra de Desmarets: el bromo, el silicio y el circonio. En 1830, Casaseca realizó una visita a las regiones de Birmingham, Manchester y Liverpool que le permitió entrar en contacto con algunos de los principales centros de la revolución industrial. A su vuelta, inició la publicación de una revista titulada El propagador de conocimientos útiles, donde describió no sólo los avances tecnológicos en el terreno de la siderurgia sino también los nuevos métodos de organización del trabajo industrial que había observado en su viaje. Puede considerarse como una de las primeras revistas de divulgación de la ciencia editadas en España.1

Casaseca abandonó su cátedra en el Conservatorio de Artes en 1832 para ocupar diversos cargos administrativos de escasa relevancia hasta que una real orden de junio de 1836 lo puso al frente de una cátedra de química en La Habana (Cuba). En 1838 editó en unión de Cayetano Lanuza los dos primeros cuadernos de la revista La Mariposa donde aparecieron trabajos suyos de divulgación de la química.2 En esta revista se recoge una reseña de la traducción realizada por Casaseca de las lecciones de Gay-Lussac. Sus trabajos y lecciones estuvieron dirigidas a la mejora de la industria y agricultura local, en particular, de la producción de azúcar, motivo principal para el que se creó un Instituto de Investigaciones Químicas. Publicó numerosos trabajos sobre esta cuestión, varios análisis de aguas y una traducción de otra importante de obra de divulgación: las Chemische Briefe (“Cartas sobre la química”) del alemán Justus Liebig. A pesar de las iniciales expectativas, Casaseca no pudo contar con un laboratorio químico bien equipado con los instrumentos necesarios para el análisis de materias orgánicas y azúcares, tal y como manifestó en un informe redactado poco antes de cesar por motivos de salud en su cargo al frente del Instituto de Investigaciones.

Los años finales de su vida los pasó Casaseca en Canarias, Montpellier y, finalmente, en Barcelona, donde, sin apenas apoyos y escasos ingresos económicos, atravesó momentos difíciles que describió en su correspondencia con su discípulo Alvaro Reynoso, en la que llegó a afirmar: “¡Qué desgracia ser hombre científico y haber nacido español!”. Para hacer frente a sus penurias Casaseca realizó su última obra científica conocida: una traducción de un popular libro de texto del francés Edouard Robin, de la que solo apareció el primer volumen. Falleció en Barcelona en 1869.

Texto de José Ramón Bertomeu Sánchez y Rosa Muñoz Bello.

Fuentes primarias: 

Principales obras de José Luis Casaseca y Silván (1800-1869):

Casaseca, José Luis. Ensayos químicos. París: Imprenta de Pablo Renouard; 1826.

Casaseca, José Luis. Discurso inaugural al instalarse en la Habana la Cátedra especial de aplicación, de la física y de la química, a la industria y a la agricultura. La Habana: Imprenta del Gobierno y Capitanía General; 1843 [citado 30 Ene 2017]. Disponible en este enlace.

Casaseca, José Luis. De la necesidad de mejorar la elaboración del azúcar en la isla de Cuba y de las mejoras de que es susceptible esta fabricación. La Habana: Imprenta del Gobierno y Capitanía General; 1843.

 Revistas:

El propagador de conocimientos útiles o Colección de datos interesantes aplicables a las necesidades y a los goces de todas las clases de la sociedad.  Madrid: Imprenta de E. Álvarez; 1831.

La Mariposa. La Habana; 1838.

Traducciones:

Accum, Federico. Recreaciones químicas. Paris: Librería de Jules Renouard; 1826. 2 vols. La segunda edición se publicó también en París en 1836 y ha sido reimpresa recientemente (Valencia, Librerías París-Valencia, 2003).

Bussy, A. y Bonton-Charlard, A. F. Tratado de los medios de averiguar las falsificaciones de las drogas simples y compuestas y de comprobar su grado de pureza. Madrid: Imprenta V. Larrez; 1835.

Derosne, C. y Cail, J. F. Sobre la elaboración del azúcar en las colonias y de los nuevos aparatos destinados a mejorarla. La Habana: Impr. del gobierno de S. M.; 1844.

Desmanes, E. Química. Madrid: L. Amarita; 1828 [2 vols.].

Magendie, F. Formulario para la preparación y uso de varios medicamentos nuevos. Paris: J. Renouard; 1826 [citado 30 Ene 2017]. Disponible en este enlace. (Una segunda edición corregida apareció en Madrid, Imp. José Collado, 1827).

Robin, E. Compendio de Filosofía química ó de Química General, experimental y razonada. Santa Cruz de Tenerife: Imprenta F.C. Hernández; 1865.

Para conocer las numerosas publicaciones en revistas, que se puede detallar en esta breve nota biográfica, se puede consultar la siguiente bibliografía.

Estudios: 

García Belmar, Antonio y Bertomeu Sánchez, José Ramón. Viajes a Francia para el estudio de la química, 1770-1833. Asclepio. 2001; 53(1): 95-135;

Garrigós Oltra, Lluís. y Millán Verdú, Carlos. Una contribución española a los primeros diseños instrumentales colorimétricos: propuestos por José Luis Casaseca para la determinación del cobre por vía húmeda. Llull, 2003; [citado 30 Ene 2017] 26: 475-490. Disponible en este enlace.

Gattorno Rangel, W., Misas Jiménez, R. y Casaseca, José Luis. Cartas a Alvaro Reynoso, 1853-1867. La Habana; 1985.

Le Roy Gálvez, Luis Felipe.  Apuntes para la historia de la química en Cuba. La Habana; 1947.

Le Roy Gálvez, Luis Felipe. Casaseca, maestro y precursor de Reynoso. Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. 1971; 13 ( 7): 5-57.

Misas Jiménez, Rolando Eugenio. Un químico español del reinado de Fernando VII: José Luis Casaseca y Silván. Llull. 1996 [citado 30 Ene 2017]; 19 (36): 131-160. Disponible en este enlace.

Misas Jiménez, Rolando Eugenio. José Luis Casaseca Silván. En Cien figuras de la ciencia en Cuba. La Habana: Ed. Científico-Técnica; 2002, p. 127-129.

Muñoz Bello, Rosa. Los manuales de química en España (1788-1845): Protagonistas, terminología, clasificaciones y orden pedagógico. Universitat de València; 2015 [citado 30 Ene 2017]. Disponible en este enlace.

Notas de los autores: 

1. El propagador de conocimientos útiles se publicó inicialmente en Madrid, en la imprenta de Eusebio Álvarez, con el título El propagador de conocimientos útiles, ó colección de datos interesantes aplicables á las necesidades y á los goces de todas las clases de la sociedad, puestos al alcance de todos, y sacados de los escritos y observaciones de los más célebres sabios estrangeros. De esta primera serie salieron cuatro ejemplares, que pueden encontrarse encuadernados tanto por separado como juntos:

Cuaderno I: enero de 1831.

Cuaderno II: marzo de 1831.

Cuaderno III (no figura fecha).

Cuaderno IV: octubre de 1831.

Cada cuaderno constaba de unas ochenta páginas aproximadamente. El 22 de octubre de 1831, Casaseca publicó una nueva serie, también en Madrid, pero esta vez en la imprenta de Miguel de Burgos. Los cuadernos tenían un tamaño de 4º y un título en esta nueva serie más breve : El propagador de conocimientos útiles, ó colección de datos interesantes aplicables á las necesidades y á los goces de todas las clases de la sociedad. En esta nueva serie los contenidos aparecían agrupados en secciones, no siempre de índole estrictamente científica o tecnológica: ‘Medicina’, ‘Química’, ‘Física’, ‘Artes químicas’, ‘Artes industriales’, ‘Economía doméstica’ y ‘Variedades’. De esta manera Casaseca gozaba de más libertad para tratar en mayor profundidad algunos temas científicos. Esta serie se publicó en dos tomos de 6 cuadernos cada uno:

– Volumen I:

Cuaderno I: octubre de 1831.

Cuaderno II: noviembre de 1831.

Cuaderno III: diciembre de 1831.

Cuaderno IV: enero de 1832.

Cuaderno V: febrero de 1832.

Cuaderno VI: marzo de 1832.

– Volumen II:

Cuaderno VII: abril de 1832.

Cuaderno VIII: mayo de 1832.

Cuaderno IX: junio de 1832.

Cuaderno X: julio de 1832.

Cuaderno XI: agosto de 1832.

Cuaderno XII: septiembre de 1832.

Al igual que la serie anterior se disponía también de los cuadernos sueltos que constaban de un menor número de páginas, aproximadamente unas cuarenta, que en la primera serie. Braulio Antón Ramírez menciona una Nueva Serie publicada en Madrid en 1838 pero no se ha podido confirmar si existe alguna relación con la publicación de Casaseca.

Parece ser que El propagador de conocimientos útiles contenía artículos aparecidos anteriormente en el Journal des connaissances usuelles et pratiques que se publicaba en París desde abril de 1825 por los D’Arcet, C. Dupin , Francoenr y C. de Latleyrie y que Casaseca debía conocer bien. Casaseca utilizó su publicación para dar a conocer algunas nociones de química aplicada entre todas las clases de la sociedad española y especialmente para los que no tenían tiempo para su estudio. Tenía como objeto “popularizar la instrucción, propagando entre todas las clases de la sociedad, y mas particularmente entre los que no tienen tiempo de dedicarse al estudio, los conocimientos positivos de toda la especie que puedan recibir su aplicación en las diferentes posiciones de la vida del hombre, y que en la actualidad no debe ignorar la clase media.” La revista es un fiel reflejo de las inquietudes científicas e intelectuales de Casaseca, que abarcaban campos tan variados como la química industrial y aplicada, la tecnología de los alimentos, cuestiones higiene y sanidad pública, gemología y piedras preciosas, apicultura etc. Casaseca contribuyó con esta publicación a difundir los avances científicos europeos en España. Casaseca era un gran admirador de la admiraba la Revolución Industrial inglesa y admiraba los avances técnicos que tenían lugar en ese país durante ese tiempo. Utilizó las páginas de la revista para comentar sus viajes a Inglaterra donde asistió a diferentes fábricas y centros de formación. En el Propagador describió los avances de la industria metalúrgica y su posible adaptación a España, describió la importancia de la división del trabajo poniendo como ejemplo la fabricación de alfileres o la visita de una fábrica de cerveza de Londres como ejemplo de progreso industrial. En sus artículos consideró la industria inglesa un modelo a seguir por España. Así mismo, defendió la necesidad de mejorar el transporte mediante el fomento del ferrocarril. Igualmente la necesidad de un cambio en la mentalidad de la nobleza española respecto a la nueva tecnología. Conocedor de las escuelas de artes inglesas dedicó un artículo a la defensa del sistema seguido por la escuela de artes de Edimburgo cuyo modelo se había instaurado en otras ciudades como Londres. En resumen, en las páginas de la revista defendíó la necesidad de incorporación de España a la Revolución Industrial.

Casaseca no sólo utilizó El Propagador para mostrar los avances tecnológicos en Europa. En esta publicación también dio a conocer algunos de sus trabajos como por ejemplo el publicado en la revista Annales Chimie et the Physique sobre el análisis de unos polvos para dar color a las joyas en Paris que llevaron a la prohibición de su venta por su alto contenido en arsénico. También incluyó memorias del que fuera su profesor en Paris Jacques Thenard. Igualmente en las páginas de esta publicación dio a conocer algunas noticias tomadas de la Anales de Agricultura é Industria Rural que dirigía Sagra en La Habana. Los artículos seleccionados se referían a la importante gestión administrativa realizada por Sagra. Casaseca reflejó en la nueva serie su admiración por el desarrollo experimentado por Cuba quizás buscando el apoyo de Sagra para conseguir un nuevo puesto de trabajo en la isla cubana.

2. La Mariposa se editó en la Habana en 1838 en colaboración con Cayetano Lanuza. El primer número apareció en abril. Se publicó con una periodicidad quincenal y después semanal. Inicialmente se pensaba publicar seis tomos en octavo mayor divididos en cuatro cuadernos, no conocemos el número de cuadernos que fueron publicados. Los contenidos eran muy variados: cuentos, poesías, artículos de libros y trabajos sobre química, industria, medicina, historia geografía, música, fisiología y teatro. Casaseca apareció como editor únicamente en los dos primeros cuadernos ya no aparecía su nombre a partir del tercero quizás por la dura crítica realizada por Lanuza en el tomo 2 sobre la traducción realizada por Casaseca de las lecciones de Gay-Lussac. Lanuza realizó una crítica dura por la falta de claridad en el lenguaje utilizado por Casaseca en su traducción.

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